Control en Internet – Segunda Parte

En mayo pasado, el Secretario de Gobierno de Tabasco dijo que “vamos a ponerle freno a estos ímpetus desquiciados y perversos” refiriéndose a aquellos que publican en las redes sociales algún comentario cierto o no, en broma o no, fundado o no, pero que causa gran revuelo en la sociedad, temor o dudas sobre la efectividad de la seguridad pública.

Continuó diciendo que en ese entonces ya estaban “identificadas tres personas que son las que iniciaron estas acciones irresponsables y perversas, después de analizar miles y miles de usuarios y se van a fincar responsabilidades”. Pasaron los días y meses y nadie supo quiénes fueron esas tres mentes perversas que querían causar revuelo y zozobra en la sociedad tabasqueña.

Después vino el caso de los tuiteros de Veracruz, que fueron acusados de terrorismo, pero después ya los perdonaron.

Hay otros casos menos ruidosos pero apuntando en la misma dirección.

El caso es que 140 caracteres han puesto a trabajar a los legisladores de 16 Estados de México. Hace 2 años hubiera sido impensable que sólo 140 caracteres pudieran sacar de su modorra a tantos políticos en el país.

El problema es la reacción de los políticos. En lugar de atender las legítimas inquietudes de los ciudadanos, expresadas de diversas manera en Twitter, se despiertan para preparar nuevas leyes que penalicen a quienes ahí escriben tonterías… o mentiras. Estoy seguro, si analizamos miles y miles de usuarios de Twitter y Facebook, tal como hizo el Estado de Tabasco, encontraremos que hay más demandas legítimas que rumores. Pero al parecer esas no importan. Importan los 3 o lo 2, según la Entidad Federativa, para hacer una campaña mediática en contra de las redes sociales.

No quiero hacer de estas líneas un estudio sobre la endeble legislación y la peor aplicación que tendrá ésta al tratar de probar, como dicen los abogados, las circunstancias de tiempo, modo y lugar de la comisión del delito. Aquellos que saben de leyes y de cómo funciona internet, twitter y demás no tardan en publicarlo.

Insisto que lo que debe preocupar a los electores son las reacciones que la clase política, de cualquier partido, color, inclinación y preferencia, tiene hacia esta nueva manera de expresión ciudadana.

Algunos medios también han entrado en este pandemonio y escuchamos algunos reporteros que utilizan el término Redes Sociales para referirse a cualquier cosa que exista en internet (como páginas médicas o pseudomédicas que “recetan”).

Actualmente nos encontramos todos tan ocupados en la carrera preelectoral que quienes no aspiran a la gran silla o a las sillitas de alrededor, encuentran vía libre para legislar, reglamentar o tratar de controlar a la ciudadanía conforme a creencias personales olvidando la representatividad de un colectivo que obtienen al ser funcionarios públicos. Y no me refiero únicamente al control del internet, tan en boga en estos tiempos, sino a las minifaldas, a las corridas de toros, los besos u otras demostraciones de afecto en público.

Mientras, tenemos que los periódicos nacionales, las televisoras, revistas y otros medios tradicionales reproducen imágenes explícitas del expresidente libio siendo sodomizado por los rebeldes que ahora no son rebeldes sino Gobierno de Transición. También publican los videos de esos actos en sus portales de Internet, sin tapujos, sin responsabilidad y sin previo aviso.

Por otro lado, los jerarcas católicos se basan en su propio “catecismo” para llamar a la desobediencia civil en el caso de aprobarse leyes que ellos consideren injustas o “antivida”. Estos llamados a la desobediencia se han repetido, por lo menos, desde 2005 sin que haya ningún tipo de reacción o de aplicación de la ley en contra de dichos actos irresponsables y tendientes a violación de las leyes por sus seguidores.

Los que saben y los que no, me argumentaran que eso no es contrario a la moral, es libertad de expresión tanto de los medios como de los arzobispos.

Entonces yo me quedo callado pensando preguntar si la libertad de expresión no aplica también en las redes sociales. Pero mejor no lo pregunto.