Soy prietito

Esta mañana me conmovió la noticia del pobre Noé Hernández, quien siendo indocumentado, fue deportado por las autoridades norteamericanas.
Decía la nota, que será reproducida hasta el cansancio en muchos noticieros: “Noé Hernández ya no puede abrazar a su esposa Aída, ni a su hija Jocelyn, después de 23 años en los Estados Unidos, fue deportado a México. De nada valió a Noé Hernández ser una persona honesta”.

Pinches gringos. Nomás lo ven a uno medio prieto y lo detienen. Aunque sea ciudadano de allá. Algo así dicen que dice la ley en Arizona. Y todo México está indignado por ese racismo norteamericano.

Desde una Lavandería: Soy prietito.

 

 

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De fantasmas, política y calzones

Mientras trabajaba anoche, rodeado de los fantasmas que meacompañan a todos lados y otros nuevos que no tuvieron la decencia depresentarse, empecé a reflexionar sobre las candidaturas ciudadanas.
La semana pasada se hizo mucho escándalo sobre dosciudadanos que son candidatos a la jefatura de gobierno del Distrito Federal enMéxico. De acuerdo con la ley, sólo los partidos, etcétera. Pero éstos sonciudadanos y son candidatos o precandidatos, ya no sé cuál es el términocorrecto en este momento y que cambiará a la vuelta del mes, pues a mi meparece igual la propaganda de la precandidatura y de la candidatura y elresultado el mismo también, más confundido que al principio y adepto del nuevotérmino acuñado por Alejandro Pisanty, el “nohayacualismo”.
Pero estos nuevos personajes son ciudadanos, como tú y comoyo y quieren llegar al gobierno del DF para cambiar las cosas. Eso es lo quepidió don Calderón cuando le reclamaron sobre la inseguridad a él y a supartido. Eso es lo que muchos ciudadanos queremos, cuando decimos que todos lospolíticos son iguales (recordé una imagen que vi ayer antes que a misfantasmas).
Pero no todo es miel sobre hojuelas – yo nunca he comidoeso, cuando mucho un buñuelo en Coyoacán – ni felicidad y un nuevo cambio quecambiará el cambio que no cambió más que el color de los políticos.
El problema principal, como incluí en el etcétera de arriba,es que a estos ciudadanos, respetables y hasta activistas, los DEBE proponer unpartido político para que puedan ser candidatos (pre).
Ahí es donde la puerca tuerce el rabo, dijo una de misetéreas acompañantes a cuya compañía ya me acostumbré, después del susto que mecausó la primera vez hace 9 años.
Pues sí, la puerca tuerce el rabo cuando los políticosescogen a los ciudadanos que van a representar a otros ciudadanos y a cuidarsus intereses políticos. Entonces, dejan de ser ciudadanos y se vuelvenpolíticos.
Y no digo que los políticos no sean ciudadanos, lo quecreemos todos los participantes en esta reunión macabra (cuando el 95% estánmuertos así se le dice), es que los políticos creen que no son ciudadanos. Yempiezan a actuar como si fueran una especie o una casta superior, que no mejoraunque se los hagan creer a ellos sus fantasmas.
Lo más extraño es que ahora los partidos políticos nosvenden a sus ciudadanos como una respuesta contra ellos mismos y sus “ciudadanos”nos quieren hacer creer que no tienen nada que ver ni mantienen relación algunacon el partido que los postuló.
Los espectros que están conmigo nacieron en la primera mitaddel siglo pasado. Algunos de los nuevos parece que antes de eso. No se lacreen.
Yo tampoco, pero qué pueden saber una bola de muertos y unapersona trabajando en el recién inaugurado turno nocturno.

Mejor doblo los calzones que tengo pendientes,porque no se van a guardar solos y mi cliente mañana andará como escocés. Y esosí que no es justo.

El nuevo teléfono (2000 – 2012)

Octubre 2000.

Hace un año me quede atónito. Conocí un formato de archivo completamente diferente a todo. Investigué como se investiga en esta época carente de Wikipedia y Google y encontré que este formato comenzó a desarrollarse y fue patentado en Alemania en 1989 pero fue hasta hace 3 años, 1996, que se otorgó una patente en los Estados Unidos. El formato es MP3.

¿Qué es lo que hace el MP3? Básicamente al utilizar la codificación MPEG, la información de sonido original en un CD se reduce 12 veces, sin perder la calidad. Es decir, la copia y el original son idénticos.

Afortunadamente para mi ansia de conocer, hoy trabajo en la industria de las telecomunicaciones y esta mañana llegó mi jefe con un teléfono nuevo. Es el próximo lanzamiento de la empresa y la gente de marketing y ventas están desesperadas porque nosotros, en legal, tenemos detenido ese equipo.

Es un Samsung SCH210. Bastante feo si me preguntan y parece una copia barata de mi Ericsson T28. Además es plateado. Casi un sacrilegio pues los fabricantes de teléfonos móviles hasta hoy, respetan el elegante y corporativo color negro. Así han sido los Nokia, los Motorola y los Ericsson. Pero el color no es el problema.

La razón por la que el vicepresidente legal entre a mi oficina con cara de santo-dios-ahora-cómo-le-hacemos-para-no-meternos-en-problemas es que este equipo tiene capacidad para guardar y reproducir MP3.

Justo ayer comentábamos en la comida sobre el juicio que inició Metallica en contra de Napster y los argumentos que la banda, antes underground ahora corporativa pelo recortado, utilizó en su demanda:

  1. Que los usuarios de Napster directamente violaban el derecho de autor de Metallica.
  2. Que Naspter contribuía a la violación de esos derechos de autor.
  3. Que Napster indirectamente violaba los derechos de autor de los exgreñudos esos.

Ahora teníamos en nuestras manos un instrumento capaz de violar esos derechos de autor y el grupo comercial de la empresa pretendía venderlo destacando precisamente esa capacidad.

Eventualmente solucionamos el problema con horas de estudio y revisión de antecedentes y notificamos a los usuarios que la información en formato mp3 que almacenaran sería su exclusiva responsabilidad y los invitábamos a no colaborar con la piratería.

Napster enfrentó muchas demandas desde 1999  hasta 2001, demandas que le dieron mucha publicidad, publicidad que atrajo a muchos usuarios dispuestos a obtener música gratis. Muchos se indignaron con el cierre y ahí quedó el asunto. Un golpe contra la piratería online.

Enero 2012.

Escandaliza a usuarios en todo el mundo el cierre de Megaupload. Un sitio web creado quizá con la mejor de las intenciones y del cual yo era usuario asiduo, pues entre todas las cosas “piratas” ahí disponibles, podías encontrar alguna información que sí respetara los derechos de autor de otros.

El viejo adagio dice que no hay nada nuevo bajo el sol. Revisando los argumentos utilizados por el FBI para el cierre del sitio, vemos que son coincidentes con aquellos usados por Metallica contra Napster.

Pero hoy estamos indignados por el cierre de Megaupload porque lo relacionamos con la Ley SOPA y otras similares (que quede claro NO apoyo a SOPA ni a ninguna ley parecida). Hoy es más fácil indignarse rápidamente sin conocer los detalles gracias a la velocidad de la información.

Quizá la mayoría de los usuarios de Twitter apoyen al grupo desagrupado de rijosos cibernéticos autodenominado Anonymous, que decidieron realizar una serie de ataques en contra de sitios web como represalia por el cierre de Megaupload.

El problema de la reacción tanto en redes sociales, como en medios tradicionales en contra del “escándalo Megaupload” es la falta de congruencia. Les aseguro que el 95% de quienes se muestran indignados, no comprarían una película pirata (o cd) en la calle. El 98% se mostró indignado por el gasto en la Estela de Luz, porque el dinero se gastó en algo inútil en lugar de dárselo a los pobres o así. El 80% se habrá enojado por los comentarios de Platanito y el 99% se indignó por la conducta de Sacar.

El 100% se indigna por la falta de aplicación de la ley en contra de los delincuentes tanto materiales como intelectuales (o sea, el que comente el delito y el que lo planea). Pero también el 100% se indigna por la aplicación de la ley en contra de la piratería en línea.

Me imagino a una pléyade de Robin-Hoods argumentando que las disqueras, productores, músicos, compositores, fabricantes de cd, y los miles de empleados de todos ellos, ya tienen suficiente dinero y que, bueno, robarles un poco para dárselo a quien lo necesita (uno mismo) no es tan grave. Que pena.

El duque, el caudillo y la princesa.

Érase una vez en la Ciudad de las Rosas que el gallardo duque de Ambaró se reunió con los sabios y juglares del gran y único Reino del Colibrí. Como regalo, el duque llevó una mula que, dijo el duque, creció junto a las fuentes de sus territorios. Al presentar el regalo, mencionó que esa mula era descendiente de una yegua pura sangre y de un burro muy fino. La mula, fiel a su noble ascendencia, era la solución a los problemas de transporte de las mercaderías de la Ciudad de la Rosas y sería el ejemplo para criar más mulas similares en todo el reino y así tener 140 años de paz y prosperidad para todos los súbditos.

Los sabios y juglares reunidos en la Ciudad de las Rosas ya habían recibido regalos de otros duques y duquesas del territorio Animaxe, que en ese entonces reinaba en todo el mundo conocido. Los sabios y juglares eran algo hostiles, pues los regalos recibidos siempre se tornaban mágicamente en colibríes que aleteaban y desaparecían. Era una maldición cuyo origen era desconocido, pero se sabía que su alimento era la codicia. Así había sido desde el principio de los tiempos, cuando el Sumo Sacerdote se levantó contra los dioses de allende la mar y así seguía siendo, sin importar el territorio del Rey en turno.

Al recibir la mula regalada, que por no ser caballo, sí se le mira el diente, los sabios y juglares increparon al duque y lo cuestionaron sobre el verdadero origen de tan obediente animal. ¿Será que es descendiente de grandes caballos y yeguas? El duque, confundido, respondió asegurando que el tatarabuelo de la yegua madre de la susodicha mula, era el caballo pardo de aquel gran Nabulione, conquistador de otomanos, germanos y sicilianos.

Su dicho y desconocimiento de la historia equina, provocó que sabios y juglares tornaran inmediatamente en bufones y esparcieron por todo el reino la noticia de la ignorancia del duque, asegurando que su mula era una mula criada seguramente en las praderas de Éireann y traída por los conspiradores de Ambaró para derrocar la nueva monarquía.

Siendo chaneques la mayoría de los pobladores del Reino del Colibrí y fieles a su naturaleza, adoradores de las travesuras, comenzaron a hilar cientos, miles de cuentos alrededor del caballo pardo y la mula importada. El duque reconoció su ignorancia e inclinó la cabeza, recibiendo en silencio el bien ganado castigo que le propinaban los chaneques. Que en su favor se debe decir que siendo igual de ignorantes no tenían ambición de dominar al gran y único reino.

Apareció también un caudillo animaxe, dotado de gran inteligencia pero poca habilidad para usarla, que decidió encabezar la lapidación del duque. Vociferó que era imposible desear convertirse en rey del gran y único, sin saber sobre caballos. Y aseguró que su caballo preferido era Babieca de aquel ingenioso hidalgo. Al ser increpado por los juglares, el caudillo sucumbió ante el hechizo y se convirtió en bufón también. Y los chaneques atacaron a duque y a caudillo por igual.

Pero cualquier historia de caballos y caudillos, hechizos y transfiguraciones, caídas y azotes, no estaría completa sin una princesa. La princesa se asomaba en su torre en el Valle Zumi, viendo como el duque, su protector, era lapidado. En su desesperación, subió al punto más alto y tiró un caldero de aceite hirviendo sobre los chaneques y su frenética verbena, vociferando imprudencias y verdades: diciendo chaneques a los chaneques.

Los chaneques, escudados en su gran número y su incierta apariencia, arremetieron contra la princesa. Desgarraron sus vestidos, destrozaron sus aposentos y a punto estaban de quemarla viva cuando el duque, maltrecho por el castigo recibido, suplicó perdón para ella y para él, agradeciendo a la turba chaneque la lección de tan fuerte y agresiva manera enseñada.

Los chaneques siguieron tirando algunas piedras al duque, al caudillo y a la princesa, pero competían ahora para demostrar que todos y cada uno de ellos sabían de caballos, razas y linajes. Presumían en tabernas y caminos sobre su conocimiento equino. Aunque en el fondo, todos sabían que pocos chaneques tenían caballos y eran menos los que, aun teniéndolos, sabían montarlos.

El duque continuó con su labor de convencimiento sobre el valor de su mula, los caudillos de Animaxe siguieron enfrentándose para suceder al Rey, y aquel originario del lugar de tierra mojada enviaba mensaje cuasimesiánicos de amor y paz para los súbditos del Colibrí, guerrero por naturaleza.

La moraleja de la historia, no es fácil de deducir, pues chaneques que somos seguimos envueltos en la defensa de nuestra honra, mancillada cruelmente por una doncella, princesa y altanera; seguimos lapidando a duques y caudillos o presumiendo nuestra crianza, chaneque a fin de cuentas.

Pero detrás de todo ese humo, detrás de todo el caos ocasionado por las reacciones infantiles y juguetonas de los chaneques, se esconde la realidad del Reino del Colibrí, de las necesidades de sus pobladores y se pierde el foco de lo que verdad importa.

Sólo recordemos, chaneques del Colibrí, que el origen de nuestro nombre colectivo se remonta a la creación de este Reino y significa “dueños de la casa”.

El chaneque es capaz de asustar a la gente, de hacerle perder su tonalli y de ocasionar la muerte. Pero también puede recompensar al hombre con riquezas y buena fortuna. Ya hemos hecho lo primero, ahora es momento de trabajar para lograr lo segundo y evolucionar de chaneques a humanos.

¿Realmente somos iguales o tenemos que aclararlo?

Otro hombre hablando sobre feminismo para asegurar que hombres y mujeres somos iguales y que debemos tener las mismas oportunidades.

Cuando los hombres estamos realmente a favor de la igualdad, empezamos a defender a las mujeres y a usar términos como “equidad de género” o llevamos al extremo nuestra supuesta convicción queriendo abarcar a todos y todas en nuestras intervenciones públicas.

Y entonces les llamamos mexicanos y mexicanas, amigas y amigos o el día del niño ahora se conoce como “Día del niño y la niña”.

Personalmente difiero de tales extremos. Tampoco estoy a favor de imponer cuotas de equidad de género en el poder legislativo, pues aún cuando no habla expresamente de una cantidad de “mujeres”, el origen de la cuota señalada es obvio: la igualdad no tan igual entre hombres y mujeres.

Otro término acuñado recientemente es el de “feminicidio”. Este neologismo se crea para distinguir cuando se priva de la vida a una mujer, oponiéndose así al homicidio, que con una dosis de populismo, se referirá por tanto al hombre.

Aquellos que sepan algo de creación de leyes y de ánimo o intención del legislador, claramente podrán deducir que la definición de homicidio en las leyes se refiere a cualquier género. Me imagino a un juez en 1960 declarando inocente a un sujeto por matar a una mujer, con el argumento de que la conducta no se encuentra tipificada como delito, pues el Código Penal únicamente considera la muerte del hombre. Sería dantesco el espectáculo que seguiría a esa sentencia y tendríamos a todo el país como una gran Ciudad Juárez desde entonces.

No estoy en contra del feminismo o de la igualdad de derechos. Estoy en contra de la manera en que se hace. Digamos que, simplemente por escribir esto, siento que discrimino al género femenino porque estoy convencido de que no hay que aclarar nada sobre la igualdad.

Crecí en una familia donde todos éramos iguales, tanto hombres como mujeres lavamos platos, barríamos, cocinábamos. Las tareas del hogar eran responsabilidad de todos y cada uno tenía sus deberes. Lavar los baños era la menos deseada, pero sabíamos que tarde o temprano no iba a tocar el turno. No recuerdo haberme cuestionado nunca si eso era trabajo de hombres o no. Lo hacía porque tenía que hacerse y porque todos vivíamos ahí.

Durante 14 años trabajé en empresas. De esos, 12 fui supervisado por mujeres y mucha gente me ha preguntado si es mejor o peor que tener “jefes” hombres. Nunca lo he analizado realmente, porque el jefe es una figura en el trabajo, sin importar su género. No nos detengamos a discutir esas pequeñeces y veremos cómo es más fácil convivir entre todos, sin necesidad de decir “todos y todas”.

El otro día escuché a una “experta” en feminismo en cadena nacional, argumentando sobre la capacidad de las mujeres en el trabajo y por qué son mejores, más dedicadas, menos propensas a la pérdida de tiempo y en general más productivas. Habló durante unos lastimosos minutos defendiendo a las mujeres y colocándolas por encima de los hombres en cuanto a atributos laborales y sociales corresponde. Triste intervención, triste tema y muy tristes conclusiones.

El punto sobre la igualdad es simplemente dejar de comparar géneros, en lugar de evaluar capacidades.

En la política debe ser igual: Angela Merkel podría ser hombre o mujer, mientras guía adecuadamente a su país. Con Margaret Tatcher fue lo mismo, nadie se ponía realmente a cuestionar su género, sino sus resultados, mismos que la llevaron a ganar todas las elecciones en que participó entre 1979 y 1990. Cuando éstos no fueron satisfactorios, renunció por presiones de su partido. No fue un plan machista para limitar el poder a la mujeres en el Reino Unido.

Hoy en México tenemos una precandidata que esgrime su género como promesa de cambio en el país. Miles de seguidores aseguran que es momento de tener a una mujer en la presidencia y por eso quieren que votemos por ella.

De todas las razones que se me pueden ocurrir para votar o no votar por alguien, la última de mi lista sería si el candidato es hombre o mujer. Es más, ni siquiera consideraría eso.

Lo único que debe tomarse en cuenta de un candidato es su trayectoria personal, profesional y política, el partido que lo propone y la capacidad que pueda tener para hacer de México un país como el que queremos los mexicanos. Donde no se despinten las medallas de oro, donde todos seamos iguales y donde el homicidio se castigue igual.

Control en Internet – Segunda Parte

En mayo pasado, el Secretario de Gobierno de Tabasco dijo que “vamos a ponerle freno a estos ímpetus desquiciados y perversos” refiriéndose a aquellos que publican en las redes sociales algún comentario cierto o no, en broma o no, fundado o no, pero que causa gran revuelo en la sociedad, temor o dudas sobre la efectividad de la seguridad pública.

Continuó diciendo que en ese entonces ya estaban “identificadas tres personas que son las que iniciaron estas acciones irresponsables y perversas, después de analizar miles y miles de usuarios y se van a fincar responsabilidades”. Pasaron los días y meses y nadie supo quiénes fueron esas tres mentes perversas que querían causar revuelo y zozobra en la sociedad tabasqueña.

Después vino el caso de los tuiteros de Veracruz, que fueron acusados de terrorismo, pero después ya los perdonaron.

Hay otros casos menos ruidosos pero apuntando en la misma dirección.

El caso es que 140 caracteres han puesto a trabajar a los legisladores de 16 Estados de México. Hace 2 años hubiera sido impensable que sólo 140 caracteres pudieran sacar de su modorra a tantos políticos en el país.

El problema es la reacción de los políticos. En lugar de atender las legítimas inquietudes de los ciudadanos, expresadas de diversas manera en Twitter, se despiertan para preparar nuevas leyes que penalicen a quienes ahí escriben tonterías… o mentiras. Estoy seguro, si analizamos miles y miles de usuarios de Twitter y Facebook, tal como hizo el Estado de Tabasco, encontraremos que hay más demandas legítimas que rumores. Pero al parecer esas no importan. Importan los 3 o lo 2, según la Entidad Federativa, para hacer una campaña mediática en contra de las redes sociales.

No quiero hacer de estas líneas un estudio sobre la endeble legislación y la peor aplicación que tendrá ésta al tratar de probar, como dicen los abogados, las circunstancias de tiempo, modo y lugar de la comisión del delito. Aquellos que saben de leyes y de cómo funciona internet, twitter y demás no tardan en publicarlo.

Insisto que lo que debe preocupar a los electores son las reacciones que la clase política, de cualquier partido, color, inclinación y preferencia, tiene hacia esta nueva manera de expresión ciudadana.

Algunos medios también han entrado en este pandemonio y escuchamos algunos reporteros que utilizan el término Redes Sociales para referirse a cualquier cosa que exista en internet (como páginas médicas o pseudomédicas que “recetan”).

Actualmente nos encontramos todos tan ocupados en la carrera preelectoral que quienes no aspiran a la gran silla o a las sillitas de alrededor, encuentran vía libre para legislar, reglamentar o tratar de controlar a la ciudadanía conforme a creencias personales olvidando la representatividad de un colectivo que obtienen al ser funcionarios públicos. Y no me refiero únicamente al control del internet, tan en boga en estos tiempos, sino a las minifaldas, a las corridas de toros, los besos u otras demostraciones de afecto en público.

Mientras, tenemos que los periódicos nacionales, las televisoras, revistas y otros medios tradicionales reproducen imágenes explícitas del expresidente libio siendo sodomizado por los rebeldes que ahora no son rebeldes sino Gobierno de Transición. También publican los videos de esos actos en sus portales de Internet, sin tapujos, sin responsabilidad y sin previo aviso.

Por otro lado, los jerarcas católicos se basan en su propio “catecismo” para llamar a la desobediencia civil en el caso de aprobarse leyes que ellos consideren injustas o “antivida”. Estos llamados a la desobediencia se han repetido, por lo menos, desde 2005 sin que haya ningún tipo de reacción o de aplicación de la ley en contra de dichos actos irresponsables y tendientes a violación de las leyes por sus seguidores.

Los que saben y los que no, me argumentaran que eso no es contrario a la moral, es libertad de expresión tanto de los medios como de los arzobispos.

Entonces yo me quedo callado pensando preguntar si la libertad de expresión no aplica también en las redes sociales. Pero mejor no lo pregunto.