El Sarcasmo y El Verdugo

“Mi comentario fue sarcástico y el sarcasmo es una expresión fina de la inteligencia” dijo Ángel Verdugo, comentarista de economía en un programa de media tarde en una estación de radio en la Ciudad de México.

“Hay quienes no lo entienden pero uno debe pagar por decir esas cosas”. El sarcasmo es burla sangrienta, ironía mordaz y cruel con que se ofende o maltrata a alguien o algo.

Verdugo literalmente dijo que los ciclistas eran “una plaga” además de “abusivos y gandallas” y azuzó a los chóferes de la Ciudad de México con consignas criminales como “láncenles el vehículo de inmediato” y “aplástenlos”. Todo eso con la cómplice risita de Francisco Zea titular de ese programa informativo.

Durante un trastornado soliloquio que nada tiene que ver con el que hasta hoy era su espacio en el programa radiofónico, Verdugo citó a Marx y a Engels, a quienes llamó “licenciados”, denostó a la ciudad diciendo que “esto no es Paris ni los Champs-Élysées” y adicionalmente menospreció la nacionalidad que él mismo tiene al indicar que “son mexicanos”.

Cualquier mexicanos educado con libros de texto gratuito y aún bajo el pesado yugo de los maestros miembros del SNTE, puede saber cuando una frase tiene tal carácter sarcástico y cuando es una violación a todo principio de ética, intentando incendiar las ya de por si débiles relaciones sociales de la ciudad y del país. La frase “láncenles el vehículo de inmediato, no les den oportunidad a nada, aplástenlos para ver si así entienden” no es sarcasmo.

Hubo comentarios diciendo que no debería ser atacado Verdugo, pues sería atacar la libertad de expresión. La libertad de expresión no implica el encender a los ciudadanos a atacarse unos a otros, a delirar en un programa de radio incitando a lastimar a los semejantes. No, eso tampoco es libertad de expresión.

Ahora Verdugo, refugiado en la misma soberbia con que exhortó a la violencia, dice que los mexicanos, ciclistas y peatones, no entendemos su “sarcasmo”. El mismo dijo que “conforme al principio de Newton a toda acción corresponde una reacción en contra”. Ahora no nos culpe, mexicanos o no, de querer aplastarlo como la plaga que es, aunque sea con palabras.

O quizá no entendimos su sarcástico parlamento, porque no hablamos francés.