De fantasmas, política y calzones

Mientras trabajaba anoche, rodeado de los fantasmas que meacompañan a todos lados y otros nuevos que no tuvieron la decencia depresentarse, empecé a reflexionar sobre las candidaturas ciudadanas.
La semana pasada se hizo mucho escándalo sobre dosciudadanos que son candidatos a la jefatura de gobierno del Distrito Federal enMéxico. De acuerdo con la ley, sólo los partidos, etcétera. Pero éstos sonciudadanos y son candidatos o precandidatos, ya no sé cuál es el términocorrecto en este momento y que cambiará a la vuelta del mes, pues a mi meparece igual la propaganda de la precandidatura y de la candidatura y elresultado el mismo también, más confundido que al principio y adepto del nuevotérmino acuñado por Alejandro Pisanty, el “nohayacualismo”.
Pero estos nuevos personajes son ciudadanos, como tú y comoyo y quieren llegar al gobierno del DF para cambiar las cosas. Eso es lo quepidió don Calderón cuando le reclamaron sobre la inseguridad a él y a supartido. Eso es lo que muchos ciudadanos queremos, cuando decimos que todos lospolíticos son iguales (recordé una imagen que vi ayer antes que a misfantasmas).
Pero no todo es miel sobre hojuelas – yo nunca he comidoeso, cuando mucho un buñuelo en Coyoacán – ni felicidad y un nuevo cambio quecambiará el cambio que no cambió más que el color de los políticos.
El problema principal, como incluí en el etcétera de arriba,es que a estos ciudadanos, respetables y hasta activistas, los DEBE proponer unpartido político para que puedan ser candidatos (pre).
Ahí es donde la puerca tuerce el rabo, dijo una de misetéreas acompañantes a cuya compañía ya me acostumbré, después del susto que mecausó la primera vez hace 9 años.
Pues sí, la puerca tuerce el rabo cuando los políticosescogen a los ciudadanos que van a representar a otros ciudadanos y a cuidarsus intereses políticos. Entonces, dejan de ser ciudadanos y se vuelvenpolíticos.
Y no digo que los políticos no sean ciudadanos, lo quecreemos todos los participantes en esta reunión macabra (cuando el 95% estánmuertos así se le dice), es que los políticos creen que no son ciudadanos. Yempiezan a actuar como si fueran una especie o una casta superior, que no mejoraunque se los hagan creer a ellos sus fantasmas.
Lo más extraño es que ahora los partidos políticos nosvenden a sus ciudadanos como una respuesta contra ellos mismos y sus “ciudadanos”nos quieren hacer creer que no tienen nada que ver ni mantienen relación algunacon el partido que los postuló.
Los espectros que están conmigo nacieron en la primera mitaddel siglo pasado. Algunos de los nuevos parece que antes de eso. No se lacreen.
Yo tampoco, pero qué pueden saber una bola de muertos y unapersona trabajando en el recién inaugurado turno nocturno.

Mejor doblo los calzones que tengo pendientes,porque no se van a guardar solos y mi cliente mañana andará como escocés. Y esosí que no es justo.

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La arrogancia del poder

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Recientemente los consejeros electorales de Tabasco se otorgaron un bono porque durante el período electoral trabajarán durísimo. Hasta los sábados y los domingos. Que adecuado y conveniente.
También recientemente se hizo público el sueldazo que los Secretarios Federales perciben cada mes. La razón de eso, claro está, es que buscan ser competitivos con las empresas, pues los Secretarios de Estado son comparables a directores generales en la iniciativa privada.
Antes que esas relevantes noticias, el Secretario de Hacienda y protocandidato del PAN, dijo que muchos mexicanos con 6,000 pesos mensuales pagaban casa, escuela y coche. Después el Secretario de Economía, dijo que no sentíamos la recuperación económica por gastalones.
Leyendo y escuchando las noticas más leídas, me viene a la mente Carlos Salinas diciendo “Ni los veo, ni los oigo”. Sí bien se los dijo a algunos miembros del PRD, también es cierto que (in)directamente se lo dijo a todos aquellos mexicanos que estaban representados entonces por esos perredistas.
Constantemente escuchamos la mejoría macroeconómica del país, el blindaje que puso en la economía mexicana don Agustín Carstens y que recientemente acotó Ernesto Cordero. Todo eso con base en estadísticas y estudios de la OCDE. También nos envían artículos escritos por extranjeros sobre la mejoría económica en México.
Esto me lleva al título de este escrito. Los poderosos son arrogantes. Y esa arrogancia los hace ignorar sus orígenes, ignorar a quienes los colocaron ahí e ignorar lo que es obvio para todos. También esa arrogancia hace que olviden y olvidemos todos los arrogantes, las cosas que decimos, que prometemos y entonces volvemos a prometerlas. Así como el “nunca mas una inundación” en el Estado de México y en Tabasco, para ser acotadas un año después con “de la misma magnitud!”.
Como esas acotaciones postapocalípticas, tenemos miles de ejemplos de frases que demuestran el poco respecto que se tiene por el pueblo (llamado en estos meses electorado). Desde Roberto Madrazo diciendo que las mujeres ni son lavadoras, aunque lo parezcan, hasta Mario Villanueva con su máxima: “En mi Estado mando yo”.
Pero esto no es una arenga en contra de aquellos políticos nacionales arrogantes y presumidos que ven al “pueblo” como si hicieran un gran favor. Mr. Obama, como alegremente lo llama Chávez, declaró recientemente que Estados Unidos sigue siendo un país de AAA, refiriéndose a la degradación en la nota crediticia de Estados Unidos. Afirmó que los mercados siguen percibiendo el crédito de Estados Unidos como de primera categoría.
Tenemos personajes privados que son igual de arrogantes, que llevan a peleas titánicas en todos los ámbitos (legal, comercial, publicitario) entre los monopólicos grupos de televisión abierta contra el monopólico grupo de telefonía fija. Los técnicos jurídicos y expertos en competencia económica respondería inmediatamente que no son monopolios, pues hay otros competidores en el mercado. Todo eso con la arrogancia del que sabe y acomoda las definiciones. Corrijo: no son monopolios, son “dominantes en el mercado” (aunque no hayan sido declarados así por la Comisión Federal de Competencia y sigamos discutiendo el término).
La arrogancia hacía decir a Vicente Fox que él iba de botas a todos lados y así lo demostró en su visita a España con sus famosas botas de charol. Las que todos pagamos, las que muchos aplaudieron y muchos criticaron.
La arrogancia hace que “lucha” no sea sinónimo de “guerra” y que en esta lucha que no es guerra se atrevan a decir “como Churchill, me alzaré con la victoria”. Pero según su propia definición no sería como Churchill, pues él peleó una guerra y nosotros sólo estamos en una lucha. ¿Entonces?
Mientras discutía el texto de hoy, me preguntaron ¿y qué propones? Realmente no hay ninguna propuesta concreta. Puede sonar arrogante, pero con algún político que de casualidad lea esto y decida trabajar con el pueblo, comer en los tacos de la esquina sin sus guardaespaldas o caminar por las comunidades de su Estado natal, aunque a uno y a otro los acusen de hacer actos previos de campaña, se los agradeceremos. La población se acordará de eso, tendrán el apoyo que requieren y finalmente México será un mejor lugar.
En palabras de Vicente Fox: cambiemos de raíz sin cambiar raíces.