Soy prietito

Esta mañana me conmovió la noticia del pobre Noé Hernández, quien siendo indocumentado, fue deportado por las autoridades norteamericanas.
Decía la nota, que será reproducida hasta el cansancio en muchos noticieros: “Noé Hernández ya no puede abrazar a su esposa Aída, ni a su hija Jocelyn, después de 23 años en los Estados Unidos, fue deportado a México. De nada valió a Noé Hernández ser una persona honesta”.

Pinches gringos. Nomás lo ven a uno medio prieto y lo detienen. Aunque sea ciudadano de allá. Algo así dicen que dice la ley en Arizona. Y todo México está indignado por ese racismo norteamericano.

Desde una Lavandería: Soy prietito.

 

 

La Tele

Chocolates Turín, ricos de principio a fin.

Pocos leen esa frase sin cantarla. Recuerdos de la infancia o juventud del lector. Complemento educacional creado por los publicistas de entonces. ¿Quién no recuerda los anuncios de Ford con el fondo musical de Carmina Burana? O los recientemente retomados anuncios de Vitacilina, aunque nadie tuviera una ni en la casa ni la oficina.

Todos los ahora adultos nos vemos unos a otros con miradas cómplices y a veces pícaras cuando alguno menciona una gelatina Pronto e inevitablemente cantamos en mentalmente o voz alta, pero con cierto rubor en las mejillas: “cuaja solita, fuera del…”.

Más adelante teníamos a Fabuloso que se utilizó novedosamente un adjetivo para dejar claro que el piso brillaba y rimaba con su marca. Todos sabemos que usar una Manchester es casi como un volado, no sabemos si nos sentíamos a gusto antes o después de usarla. Algunos recordarán las Valkirias de Iusacell o sus voladores de Papantla, pero todo recuerdan la melodía (que ni es melodía, sólo 6 notas bien acomodadas). Y por supuesto que todos sabemos o deberíamos saber a dónde estamos llamando si le contestan Oink Oink.

Yo crecí y me embrutecí viendo televisión, como casi todos los niños de mi generación. Una televisión que tenía un horario – a las seis de la mañana y a la medianoche se tocaba el himno nacional para abrir y cerrar la transmisión – y cuyos programas estaban dirigidos a un público específico según el horario. Triste era enfermarse y sólo tener que ver programas como el club del hogar o a quien corresponda, esperando ansiosamente las 2 de la tarde a que empezara la barra de niños en el canal 5 con el olvidable Rogelio Moreno (sí, donde nos veamos…).

Hoy podría yo ser niño otra vez y ni siquiera saber quiénes o cuáles son los programas que hay en la televisión abierta. Puedo poner un canal – o varios si tengo tv de paga – y embrutecerme viendo cartoons o dibujos animados, a los que yo llamo, con mi inocencia vetusta, caricaturas.

Lo que me lleva a golpear el teclado hoy es la falta de regulación – autorregulación – de los contenidos en televisión abierta o de paga. Y no me refiero a una Santa Inquisición televisiva o a contenidos pre-aprobados por el Estado como si estuviéramos en los 70 u 80 o en algún país del bloque oriental.

Los anuncios que recuerdan mis hijos y los tuyos si los tienes, son a Lolita Ayala dando consejos de salud, recomendando automedicarte y autodiagnosticarte. Si bien es cierto que se refiere a supuestas enfermedades, el mensaje es claro: ella te da los síntomas y tú diagnosticas.También ven a Adela Micha y a otros personajes hablando de enfermedades y los remedios mágicos que comercializan. Si no recuerdan esos, recordarán la operación de várices o de hemorroides o tal vez la nariz de Pepe y la novedosa invitación que ahora hacen para entrar a YouTube y ver esos videos explícitos.

Es preocupante que esta publicidad se transmite a cualquier hora y por cualquier canal. Puedes estar viendo Chabelo y seguramente te encontrarás con las hemorroides de los gemelos. Puedes ver iCarly y en un corte podrás apreciar la operación de várices.

Mientras escribo recuerdo otra pauta, nueva, de un productito llamado English Lady… Denigra a las mujeres al tratar de denigrar a los hombres. No es chistoso ni tiene otro contenido excepto que las mujeres actúan como lo hacen los hombres a quienes siempre criticamos. Penoso.

Lo más curioso es que nadie hace nada y parece normal. Tenemos precandidatos, ungidos, presidentes y gobernadores preocupados por sus cotos de poder y ciertas empresas aprovechan, con la bendición de quien debería revisar esto, para inescrupulosamente llenar de mierda la televisión. Que ya estaba bien llena, sin necesidad de además ver vísceras a cualquier hora.

Y nos preguntamos por qué 50,000 o más muertos ya no nos impresionan…